domingo, 8 de junio de 2014

Hoy

Hoy, 
hace un año, 
tú, yo,
las estrellas, 
la música, 
la luz, 
una conversación eterna,
una atración mutua,
un abrazo,
un escalofrío que recorría nuestra piel,
tu calor,
tu mirada,
tu beso,
y se quedó en un deseo, en un sueño . . .

. . . me pareció eso, un sueño . . .

. . .un sueño que ya había soñado, y había reprimido. Un sueño que no sabía si era también el tuyo. 

Hoy lo sé, sé que lo era. Sé que teníamos el mismo sueño y nunca lo habíamos sabido. Y me da vértigo. Y casi aún no me lo creo.

Hoy, 
después de un año,
demasiado desiertos,
demasiadas montañas . . .
hemos sufrido,
nos hemos sentido culpables,
nuestras vidas han cambiado,
nos hemos querido,
hemos perdido cosas,
hemos ganado otras,
hemos dejado de soñar porque ese sueño dejó de ser un sueño.

Te disfrazas de ti, para mi.




domingo, 23 de marzo de 2014

Punto y final, amiga.

No fui yo, no fui yo la que arracó tus raíces, no soy yo la responsable, y no has sabido verlo. Es mas fácil echarle la culpa a otro antes de admitir uno sus fallos, yo también lo hago, porque es de  humanos hacerlo. Nunca quise hacerte daño, nunca hice nada con intención de hacertelo, y si aún así te lo he hecho solo puedo pedirte perdón. He intentado no hacerte sufrir gratuitamente: he soportado hacer cosas que me hacían parecer la otra sin que lo fuese, he escondido cualquier gesto que te pudiese hacer sentir mal, para que no vieras, para que no sintieras... incluso sabiendo que haciéndolo me autodañaba, he hecho cosas que ni siquiera imaginas para evitarte el sufrimiento, aunque eso significara sufrir yo. Me he puesto límite a cualquier gesto que pudieses ver u oir. ¿te crees que yo no sufro? ¿que no he sufrido? ¿que nada me ha dolido? Volcaste en mi toda tu rabia, toda tu frustración, todo tu odio, y lo soporté, porque te quería, porque eras mi amiga.

Si tu tierra está seca no es por mi, si no eres capaz de florecer, no es por mi, si estas yerma, sin posibilidad de dar frutos, gris, apagada, sombría, sucia, malherida, agrietada, desnutrida, deshidratada, no es por mi: ES POR TI. Si no has sabido regarte cuando lo necesitabas, no es por mi, es por ti, si tu tierra solo ha dado fruto cuando ha sido otro el que la ha cuidado y no tú, no es por mi, es por ti. Y lo siento, créeme que lo siento. Ahora te toca a ti aprender eso, a mi, desgraciadamente (o más bien, afortunadamente) la vida me lo enseñó hace tiempo. Me enseñó a cuidarme, a protegerme, a ponerme yo en el centro de mi vida. A entender que la felicidad está siempre dentro de uno aunque nos eduquen al contrario y nosotros lo creamos o se nos olvide en muchas ocasiones. Ojalá puedas aprender a no ser feliz por nadie, si no por ti, a no depender de nadie, si no de ti.

No puedes ver todo lo bueno que te di. Quiero creer que el tiempo, quizás, te dejará verlo. Yo recordaré siempre cada cosa buena que pudimos compartir y todo lo bueno que de ti recibí. Ya no pretendo poder entregarnos más. Antes, sí. Yo nunca dije que no te hablaría más, ni que no te quisiera en mi vida. Sólo te pedí que no tocásemos más el pasado y dejásemos de revolver mierda que solo conseguía hacernos más daño. Ahora ya me queda claro que has tenido que cerrarme la puerta, que personas como yo no te merecen la pena, que no las quieres en tu vida y que si llegan solo merecerán un hola y un adios. A mi ya, tampoco me merece la pena seguir soportando velas que no son las mías. Y mucho menos intentar o tan siquiera pensar, que lo he hecho, en cómo acercarme a alguien que no me aprecia, que tiene claro que no me quiere a su lado.

Yo, entiendo que para ti, siempre seré mala, no pretendo convencerte de nada. Yo por mi parte lo único que puedo hacer es dejar de sentirme culpable de algo que yo no he hecho. No soy yo culpable de nada.

Espero que seas muy feliz, y que este punto y final, ayude a que lo seas, de corazón.

viernes, 14 de febrero de 2014

Del amor



Analizando la etimología de la palabra amor, encontramos varias teorías, entre ellas me ha llamado mucho la atención la siguiente: la palabra amor es una palabra compuesta del latín donde "a" significa "sin" y "mor" es una contracción de "mortem" que significa "muerte". Por tanto amor significaría "sin muerte" (¿eternidad? como si a través del sentimiento venciésemos lo invencible . . .)

Yo creo que en realidad, en esta teoría se une un prefijo griego con uno latino, ya que en latín el prefijo de negación no es "a" sino "in".

Dejándonos de teorías, si buscamos en la RAE, se define el amor como:  "sentimiento intenso del ser humano que , partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser" y como "sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear" 

Pues debía estar el tío loco de amor, para dar esa definición, vamos que tenía que estar en el momento de arremolinamiento del tejao.

Nos siguen haciendo creer que estamos incompletos, que necesitamos a otra persona que complete nuestra media naranja. Nadie nos enseña que ya nacemos enteros, que no tiene que venir nadie a completarnos. Las medias naranjas no existen, nada de querer exprimirnos para demostrarlo.
El amor no puede ser la negación del yo. Si por causa de alguna insuficiencia emocional, el señor de la RAE necesita a otro para completarse, no vamos a creer que eso es cierto.

Nada de perder el norte. Se permite perder el control pero siempre teniendo los pies a una distancia relativa del suelo. La dignidad es la premisa. Cuanto más subas más dura será la caída, y créeme, se cae.

Si dependes, no es amor. Si no creces como persona, no es amor. Si te quiere todo el tiempo a su lado, no es amor. Si su felicidad depende de ti, o depende la tuya, no es amor. El amor es libre, siempre lo es, ama así.

Y por último, dice un proverbio turco, que por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas. Efectivamente, se tendrán que clavar espinas a pesar de los pesares. Dicen que una retirada a tiempo es una victoria, pero también que correr es de cobardes. Si alguna espinita se clava, pues ya se sacará porque nada duele eternamente. Mientras tanto disfruta del aroma de las flores. Hay que ser prácticos y saber que no hay porqué renunciar a lo bueno. Si te merece la pena: vívelo, disfrútalo, embriágate con el aroma. Como decía Calderón de la Barca: "el caer no ha de quitar la gloria de haber subido". 

Además, ¿quién sabe si no sigues volando?

lunes, 10 de febrero de 2014

Alivio




Te duelen los ojos, sienten como se hinchan, toca remar; 
Me balanceo en hilos de coser, estoy a punto de caer
Apuras el café, apartas el diario y te vas, 
Agarras calendarios y te mientes; 
y al romperlo pretendes al tiempo engañar... 
Y te levantas, enciendes la luz y te parece que hiere; 
y te bañas y al caer el agua te parece que empapa de más 
No estoy hecha para mi… 

En cambio cuando te miro todo cobra sentido, 
y si vale la pena es por ti…

Me oprime en el pecho, se entrecorta la respiración; 
Lamo mi sudor, el mismo que recuerda que sigue latiendo el corazón 
El día es hielo y sin embrago yo logro arder 
Temo al alma, por su dictadura y cobardía que rompe al caer 
Y me consumo al pensar en cómo y dónde estarás 
Y me asfixio cuando pienso en lo que pudo ser y nunca será 
Hasta el silencio se deja oír 


En cambio cuando te miro todo cobra sentido, 
y si vale la pena es por ti… 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Vale la pena.

Lo leí, y ni yo misma lo hubiese escrito mejor hoy...

"Si dudas, vale la pena. Si tienes miedo, vale la pena. Si te late, si te embelesa. Si existe, y existimos, vale la pena. Vale la pena si la sueñas, si aún piensas que es el último. Vale la pena si lo ves como el primero. Si tiemblas. Vale la pena si te planteas si la vale.
La cuestión es: ¿te merece la pena tanto castigo de síes y noes, de escarmientos, de terrores infundados, de futuros imperfectos del subjuntivo?
Quizás debieras acabar a tiempo y borrar el número de la memoria. Saltarte el renglón. Bajar por las escaleras. Cambiarte de nombre, de barrio. Salir corriendo. O estréllate. Cuanto antes.
¿Merecerá la pena? ¿Sabrás alguna vez si la mereció? Si sales corriendo, si pasas de leer la primera línea, si no marcas los nueve dígitos, si te acobardas, si sólo confías en el condicional y sales huyendo, te habrás estrellado solo y antes de tiempo. Y eso sí que da pena. No aprenderás."




lunes, 2 de diciembre de 2013

De las miradas




Cuando las palabras no importan, cuando no sabes qué decir . . . y solo los besos tienen el sonido de aquella palabra, la que no dice la boca, la que quedó ahí, en el silencio pero se escribe con la mirada . . . ¿Qué importancia tiene entonces la palabra? . . .

Será por eso que me basta con tu mirada. Porque es allí, más allá, en el fondo de ella, en lo profundo de su brillo, donde me dejas ver tu corazón, lo demás es de relleno. . .

A veces, las miradas hablan lo que los labios callan .



miércoles, 20 de noviembre de 2013

De mis vidas contigo (una de ellas)

Algunos detalles se me escapan, pero sé que esta vida que voy a contar, transcurrió en Francia. Principio del siglo XX, las primeras décadas. Todo andaba muy revuelto: estalló la primera guerra mundial y mucha gente murió combatiendo, o no. El mundo empezaba a cambiar.
Me llamaba Mia. Vivía con mi padre, mi madre murió siendo yo una niña. De muchacha mi padre me metió a trabajar en un taller con una sastra, para que aprendiese el oficio y pudiese sobrevivir yo sola si a él le ocurría algo. Aunque él siempre me dijo que lo mejor era que me casara con algún señorito rico y así no tendría que preocuparme de nada. Mi vida transcurría del taller a mi casa, dando puntadas y arreglando prendas hermosas de bellas damas, ricas y de buena posición. Mi salario era escaso y las horas de trabajo muchas. La sastra para la que yo trabajaba, Odette, se codeaba con gente de clases altas, les diseñaba vestidos que intentaban ir a la moda de lo que ahora era el último grito: faldas mas cortas, prendas de hombres puestas en cuerpos femeninos, vestidos de fiesta, flecos . . .
La mayoría de las veces, ella no diseñaba nada, su mente estaba atrofiada para ver más allá y venía a mi. Entonces yo le dibujaba un modelo que ella siempre consideraba atrevido pero que a las clientas, les volvía locas. Y así su negocio fue prosperando, gracias a mis dibujos y a su firma. En ocasiones me pedía que la acompañase a eventos donde las señoritas de clases altas lucían nuestros vestidos: fiestas, runiones con artistas, cenas . . .

Fue ahí, en una de esas fiestas a la que fui, donde conocí al que luego sería mi marido: Edmond. Era un hombre no demasiado guapo, no demasiado simpático, no demasiado hablador, no demasiado detallista pero con demasiado dinero. Era viudo y no tenía hijos. Mi jefa enseguida lo apaño todo cuando supo que Edmond tenía intenciones para conmigo. Además Edmond organizaba pequeñas pasarelas en las que Odette podría enseñar sus vestidos y venderlos a muy buen precio a las señoras adineradas. Para ella, era el nogocio perfecto. Para mi, solo una manera de sobrevivir: mi padre, estaba ya muy enfermo, no tardaría mucho en dejar este mundo y entonces me quedaría sola. Edmond, era una buena salida, aunque no la que yo deseaba.

La que yo deseaba era otra. Un muchacho, vivaracho pero con un toque misterioso, a mi me parecia guapisimo, siempre tenía palabras bonitas para mi, me buscaba, me quería, me admiraba, pero en secreto. Edmond nunca podía enterarse de aquello si no, no sé lo que hubiese hecho.
Su nombre era Dominique. Era un periodista que escribía y fotografiaba para un periodicucho de mala muerte.
Lo conocí en la calle. Tropezamos por casualidad, yo venía del taller de hacer unas pruebas y ver unas telas que habían llegado nuevas de américa. Yo, seguía yendo al taller de Odette porque me distraía, me sacaba de aquel mundo de hipocresía en el que vivía desde que me casé algunos meses antes. Él giró la esquina y tropezamos. Fueron segundos pero solo eso bastó. Sus ojos, negros se clavaron en los míos color miel. Su mirada me lo dijo todo. Su silencio también. Todos los dibujos que yo llevaba entre las manos se me cayeron al suelo y no supe reaccionar. Se quitó su gorrita, se disculpó y se presentó. ¿Por qué no me lo había encontrado unos meses antes? ¿Hubiese cambiado mi vida? Dominique se agachó y lo recogió todo. Luego me invitó a un café por su torpeza. Hablamos. Reímos. Nos conocimos, aunque parecía que ya nos conocíamos de hacía tiempo . . .
Desde aquel encuentro casual, hubieron otros. Yo buscaba excusas para salir de casa, decía que iba al taller a ayudar a Odette, o que tenía que hacer alguna compra. Aprovechaba cuando Edmond estaba de reuniones con los amigos, o iba a no sabía muy bien dónde.

Yo me había convertido en una señorita de la alta sociedad parisina y no estaba muy bien visto que me codease con gente de la calle como Dominique. Nos veíamos en el taller, mientras yo diseñaba algo, otras veces ibamos a alguna pensión oscura por el barrio de Montmartre. El vivía allí, o más bien sobrevivía allí. Rodeado de artistas, pintores, escritores. A Edmond ese mundo no le gustaba nada. Pero a mi empezaba a fascinarme.

Y así yo me escapaba de mi mundo de mierda en el que estaba sumergida y Dominique, alimentaba su alma a base de verme a escondidas, con excusas de escribir algún artículo para el periódico o haciéndose el encontradizo por las calles de la ciudad.

Tres años, viéndonos así, compartiendo las pequeñas cosas que podíamos que no eran muchas, porque el tiempo era limitado, pero a mi me daban la vida. A él también. Entonces pasó algo que nos cambiaría la vida. Yo me quedé embarazada. El bebé era de Dominique, porque Edmond, no podía tener hijos. No los tuvo con su anterior mujer y tampoco los tuvo conmigo. Edmond se enteró, y no tenía que hacerlo. Yo no lo había planeado así. Odette se lo contó. Yo confiaba en ella, y ella me traicionó. Creo que pensó que de esa forma Edmond me repudiaría y así ella podría beneficiarse. Aún no sé muy bien de qué manera pensaba hacerlo.
Edmond llegó a casa muy enfadado, gritaba, no había manera de hablar con él, me juró que ese niño no nacería. Después, tuve que salir corriendo de casa. Lo hice sin que él lo supiera. no me llevé nada. Solo lo puesto. Fui llena de magulladoras y moretones a buscar a Dominique. Cuando me vió, no hizo falta hablar. Yo estaba sentada en su portal, dentro, para que nadie me viese. Lloraba. Él me abrazó, me cogió de la mano y fuimos a buscar a un amigo. Le pidió dinero para irnos.

Escapamos. Los dos. Ya no éramos tres. Sólo dos. Fuimos lejos. No recuerdo bien dónde. Lejos de Edmond. Lejos de Odette. Lejos de Montmartre. No pude tener más hijos. No nació, pero le quise con el alma. Fue la razón por la que mi vida, de mierda, cambió. Ahora no era rica, ni vivía con ninguna clase de lujo, ni me codeaba con lo más destacado de París, pero tenía a mi lado a la persona que más feliz me hacía del mundo. Yo seguía cosiendo, ahora ya no hacía bonitos vestidos. Remendaba los trapillos que la gente del pueblo donde fuimos a parar me traía. Dominique, hacía retratos a quien le podía pagar. Pudimos querernos, sin escondernos. Compartíamos lo poco que teníamos, todo lo demás, era de relleno . . .